Las banderolas vintage de los restaurantes en Madrid

Estos restaurantes son una suerte de la tierra prometida. Los edenes gastronómicos, que nos recuerdan de qué manera era la vida (la nuestra) ya antes del pecado original, de nutrirnos libertadamente, sin orden ni concierto; simplemente, mal. Estos paraísos son verdes por el hecho de que pueden, pues sí, pues sus adanes y sus evas prefieren hacer horas de larga cola en el puesto del mercado, cuando no cultivar su huerto y nutrir de su mano a la gallina de los huevos de oro, ya antes que subirse al carro de la distribución más globalizada y la plastificación. Mas, cuidado, pues no hablamos solo de brócoli ni solo de lechuga, sino más bien asimismo de ternera que pasta en el Pirineo.

Antes de conocerlos, lo que les caracteriza es el tipo de fachada y la banderola vintage que define lo que encontraremos al entrar.

* il tavolo verde

Los muebles de il tavolo verde, nutren más que el alimento, o bien igual. Son vajillas viejas, cuberterías de platas, espejos que absolutamente nadie rompió, muebles rebautizados, objetos vueltos a bendecir, divanes donde se sentaron y se van a sentar otras confesiones. Un altar consagrado al buen paladar, alén de la olla y el fogón.Los muebles y otros fetiches ornamentales están viajados y vividos (vidas en Italia, Francia, siglos XIX y XX). Este restaurant-tienda de muebles tiene mucho de alacena, de desván amado y codiciado, viejo y hermosamente incoloro. Lo moderno, vanguardia prácticamente, le viene del apellido: ‘organic café and anticmarket’ (ojo: ‘antic’), la cuenta donde se aúna de manera libre el arte, el diseño y la gastronomía.

Lo atractivo. Todo cuanto ves a tu alrededor se puede adquirir. Es la decoración de un restaurant mas asimismo la mercadería de una tienda. Los pequeños, no sólo no molestan sino que son recibidos con los brazos abiertos: tienen juguetes de madera y biblioteca.

El alimento. Ensalada de brotes de mango y aguacate, quiche de espinacas, tartaletas de queso ricota y tomates, y pan de masa. Todo con productos de los huertos familiares de la ciudad de Guadalajara. Los bizcochos esperan la hora del postre o bien la merienda bajo su campana de cristal, que va a tocar, los jugos naturales y el té de Les Jardins de Gaïa, que no tiene hora.

El entorno. Parece el plató de una película francesa. Por decir una, de Chocolat, de Lasse Halström, con Juliette Binoche una terapeuta chocolatera en la diminuta tienda de un pueblecito francés. Incluido el mostrador de botica en la memoria. El local encaja en su biografía: fue el taller-residencia de un profesor artesano del bronce. Y hablando no de bronce, si no de forja, te recuerdo que puedes adquirir en www.rotulowcost.es/es/banderolas-vintage-hierro-forjado.html el letrero ideal para tu negocio vintage.

* mamá campo

Sobran las presentaciones. Dos palabras, mamá y campo, y nos hacemos una idea de lo que hay. Mas no, a los espacios les ha dado ahora por romper los esquemas hasta del más despierto de los esnobs. Y Mamá Campo, recién llegada a la ciudad, es “un proyecto gastronómico” donde comer, adquirir y jugar (tus pequeños). Es restaurante, patio de recreo infantil y colmado de productos ecológicos made in Spain.

Lo llamativo: sus productos poseen certificado ecológico y nombres propios: las hortalizas y frutas de Ángel, Tomeu y Paquita, las legumbres de Amancia, los huevos de las gallinas de Mikel, la ternera de montaña de Marina y los pollos de Albert. Y así podríamos continuar.

La comida: frescos o bien en los fogones. Esta materia prima tan divinamente terrenal va asimismo a la olla: guisos, pucheros, cremas y ensaladas para comer. Y desayunos y meriendas muy del gusto ‘vintage’: magdalenas que saben a magdalenas.

El ambiente: lo llaman “atmósfera singular y coherente”. No les falta razón:uniformes de Ecoalf y IOU Project, delantales de peSeta, paredes y techos de la cooperativa de bioconstrucción Qatay. Asimismo podríamos proseguir.

banderolas vintage

* la vaquería suiza

Aquí se escuchó una vez el mugido de una vaca y hubo leche fresca entre las frescas, embotellada en vidrio y lista para repartir por las lecherías. Era la tradicional vaquería y el día de hoy ya es un tradicional restaurante con encanto y sabor orgánico (8 años de edad). Lo que se afirma un ‘café lounge’: para estar.

Lo llamativo: Localizar el chic en un vieja lechería, la sofisticación con pasado ‘cowboy’. Es la prueba de que siempre y en toda circunstancia se puede barrer para casa, coger de cada reino lo mejor. La taberna de la plaza del pueblo más cool.

La comida: Las familiares tostas de jamón, papas con mojo y ensaladilla rusa conviviendo con preparaciones de vanguardia. Pan y postre artesano, hecho diariamente, con receta familiar y reminiscencias anglosajonas. Comida a cualquier hora, cócteles de noche y todos los domingos brunch.

El ambiente: era una vaquería y prosigue preservando un aire rural. ¿Van a ser las flores silvestres, van a ser las sillas de pueblo, va a ser el portón blanco de entrada, el umbral de un establecimiento condenadamente ‘antique’ o vintage y rural a la vez?

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